WPA LOGO
WPA Education - Contributions from WPA ELN members - artaculo 3

Contributions from WPA ELN members

Artículo de Investigación  

Artículo recibido el 14-08-2002, aceptado el 02-09-2002

La enfermedad y la medicina en las culturas precolombinas de América: la cosmovisión nahua

Sergio Javier Villaseñor Bayardo, Carlos Rojas Malpica y Carlos E. Berganza Champagnac
Resumen

Los autores de este trabajo presentan algunos datos históricos relativos a la enfermedad y a la medicina en las culturas precolombinas de América. Se explican algunas teorías sobre el poblamiento original de América: Arias Montano, Florentino Ameghino, Ales Hrdlicka, Paul Rivet. Se abordan algunos aspectos de las culturas precolombinas del continente: la cultura chibcha, la incaica, los caribes y arahuacos, la azteca y la maya.

Se explican las principales características de la medicina nahua (azteca) prehispánica, su cosmovisión, los conceptos de salud y de enfermedad, la función social de la medicina, el concepto del cuerpo humano y el de las almas o entidades vitales.

Palabras clave: Cosmovisión, Enfermedad, Medicina, Culturas Precolombinas, Nahua.

Abstract

The authors of this article present historical data related to disease and medicine in Pre-Columbian cultures. Some theories on the peopling of the Americas, such as those by Arias-Montano, Florentino Ameghino, Alex Hrdlicka, and Paul Rivet, are explained. Certain aspects of the Chibcha, the Inca, the Caribe, and the Arahuaco cultures are discussed. Some of the main features of Nahua (Aztec) medicine are also explained, as well as its cosmovision, its concepts of health, disease, the human body, the souls or vital entities, and the social function of medicine in society.

Key words: Cosmovision, Disease, Medicine, Pre-Columbian cultures, Nahua.

I- Enfermedad y Medicina en la Culturas Precolombinas de América

El Poblamiento Original de América.

El problema del poblamiento de América ha sido objeto de las más curiosas conjeturas. A la llegada de los españoles a América fue necesario decidir sí los "indios" eran seres humanos y podían, por lo tanto, ser evangelizados. Fue el Papa Paulo III quien reconoció su condición humana por una bula dictada en 1537, a partir de la cual se comenzaron a formular diversas hipótesis sobre su procedencia. Se supuso que podrían descender de los Atlantes de los que hablaba Platón en la antigua Grecia, pero que también podrían ser descendientes de los fenicios, conocidos navegantes, y por último, que eran judíos, pues la Biblia refiere muy claramente que estos viajaban a la región de Ofir de donde traían ofrendas de oro al Rey Salomón. Se llegó incluso a afirmar que la palabra indio resultaba de cambiar la letra u por una n en iudio. Según Arias Montano, autor de esta hipótesis en el Siglo XVI, el nombre Pirú con que los Incas designaban parte de su territorio, no era otra cosa que la corrupción del nombre Ofir a través de los tiempos. (1)

El paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854 ­ 1911) propuso en su Teoría Monogenista Autoctonista que el hombre americano era originario de las tierras que poblaba. El homunculus patagonicus sería el protohumano del que derivan el homo sapiens y el neanderthal y todas las demás versiones del género humano. Para sostener su Teoría, Ameghino presentó unas "pruebas" que fueron total y absolutamente refutadas: Un fémur y un atlas resultaron ser de un mamífero carnicero, y una bóveda craneal que creía del terciario correspondía a un aborigen de la época colombina. El antropólogo checo Ales Hrdlicka (1869 ­ 1943) postuló la Teoría Monogenista Asiática, según la cual, el origen del hombre americano se encuentra en la Mongolia, desde donde un grupo humano del nivel neolítico pasó a América, por un puente de hielo de la última glaciación, a través del Estrecho de Bering hace aproximadamente unos diez mil años. Esta Teoría fue refutada argumentando la heterogeneidad racial que presentaban los antiguos pobladores de América. El antropólogo francés Paul Rivet (1876-1958) propuso una Teoría Oceánica, con arreglo a la cual la población americana se llevó a cabo por cuatro oleadas migratorias denominadas australoide, melano-malayo-polinesia, mongoloide y uralina, de acuerdo a sus lugares de procedencia. Las vías de acceso fueron el estrecho de Bering y un puente antártico que permitió el paso desde Australia a través de Oceanía y de sus islas adyacentes, que en ese momento tenían mayores dimensiones, para arribar a América por la Tierra del Fuego. La hipótesis de Rivet se sustenta en argumentos antropológicos y lingüísticos que le dan bastante solidez. Más recientemente el antropólogo argentino Canals Frau ha propuesto que el proceso de poblamiento original de América se produjo en cuatro oleadas migratorias: la primera fue una invasión paleolítica que entró por el Estrecho de Bering y se extendió por América dando lugar a las Bajas Culturas; la segunda procedía también de la Mongolia a través de un grupo de canoeros mesolíticos que entró por las Islas Aleutianas y dio origen a las Culturas Medias; la tercera corriente migratoria, de nivel neolítico, procedía de la Melanesia y se aposentó en Centroamérica dando lugar a las Altas Culturas Maya y Azteca. Por último, una cuarta corriente de nivel neolítico procedente del sureste asiático tomó el camino de las islas situadas entre Australia y Sudamérica, incluyendo la Isla de Pascua, dando lugar a la Alta Cultura Incaica. El resultado fue la gran diversidad racial y antropológica del aborigen americano. Los rasgos mongoloides, de pómulos salientes y ojos oblicuos, están presentes a lo largo de todo el continente. Sin embargo, las tallas varían ampliamente, desde los altos patagones que llegan a alcanzar hasta 1.92 mts. de estatura hasta los diminutos changos del Perú cuya talla puede ser tan baja como 1.45 mts. También hay variaciones en las características del cráneo y conformación de la nariz, así como en el color de la piel y los cabellos. Desde el punto de vista lingüístico la diversidad es aun mayor, lo que hace muy difícil la clasificación por familias lingüísticas. (2)

Los restos paleolíticos localizados en las llanuras norteamericanas al este del Mississipi son rastros de una cultura nómada de cazadores, que no dejaron viviendas ni restos humanos, consisten en puntas de flechas talladas en piedra con una data de 10,000 a 15,000 años a. de C. En México se conoce como cráneo de Tepexpan un fósil de unos 9,000 años hallado al lado de algunos útiles de piedra de la misma data. Más recientemente se localizó en Tlapacoya un cráneo de 18,000 a 20,000 años de antigüedad. Según Pericot, es seguro que tribus nómadas se desplazaban por América hace 30,000 años, de lo que da muestra el hombre de otavalo. Se han encontrado restos de industrias paleolíticas en Venezuela (12,000 a 14,000 años a. de C.), costas de Chile y Ecuador (12.000 a 10.000 años a. de C.), Argentina (12.000 años a. de C.) y Patagonia (10.000 a 15.000 años a. de C.) (3). El paso del paleolítico al neolítico es difícil de precisar, pero en ello desempeñó un papel fundamental la agricultura, pues facilitó el sedentarismo y el arraigamiento de algunas urbes primitivas que luego dieron paso a formas mas evolucionadas de organización social. Las plantas de origen americano que facilitaron tal proceso histórico son de la mayor diversidad y uso: alimenticias, textiles, medicinales, tintorias, de cestería, etc. Entre ellas vale citar en primer lugar el maíz, alrededor del cual se articula una buena parte de la cultura alimenticia y cosmogónica de aztecas, mayas, caribes, chibchas, quechuas, etc, pero también están la patata, cacao, aguacate, algodón, ananá, calabaza, guayaba, quina, tomate, pimiento, mate, tabaco, coca, cacahuete, higo, caimito, judías, batata y la yuca. En éste momento, cabe ya preguntarse... ¿Cómo construían su subjetividad los primitivos pobladores de América? Para aproximarse a responder con Inaudy:

El aborigen prehispánico, de raíz inmutable, cargado de milenios, deslumbrado por los elementos cósmicos, cegado por los relámpagos cuya iluminación no comprendía, acosado por selvas profundas, ríos torrentosos, llanuras interminables y voces salvajes ignotas, interroga las cosas del entorno tratando de arrancarles su misterio. Hurgando sus valores estéticos y afincándose en el legado de sus antepasados, el indígena crea dioses que lo protegen, espíritus benignos, espíritus maléficos que lo acechan, pone nombre a las estrellas, al relámpago a los vientos, nombra todas las cosas y su capacidad estética creadora la vuelca en mitos, leyendas, invocaciones mágicas, esculturas, cerámicas de elevado contenido estético, danzas, música y en arte rupestre (4).

El grabado de algunos petroglifos encontrados en territorio venezolano ofrece temas y composiciones diversas. Colocados en lugares de cierta altura, en medio de las llanuras, parecen espacios destinados a la observación del cielo, propicios para los rituales y estados de sobrecogimiento místico. Figuras de monos, que abundan en la zona y que en el Popol Vuh aparecen ejecutando actividades de flautistas, artesanos, etc, aquí parecen concitar emociones diversas. El mono es animal de diversiones, placeres y juegos, pero con los ojos hundidos puede evocar la imagen de una calavera. Otra piedra presenta unos gemelos y en otras más distantes se graban figuras de rostros humanos, espirales, círculos y serpientes que hacen entre todos intuir las posibilidades de una cosmogonía o representación peculiar del universo. Se nota aquí que los animales sirven para simbolizar diversos pensamientos y emociones del hombre primitivo venezolano (5, 6).

Las Civilizaciones Arcaicas en México y Sudamérica comienzan a surgir alrededor del 1,200 a. de C. en Perú con la Civilización Chavín, donde encontramos trabajos de cerámica, cesterías y tejidos. En el 900 a. de C. ya se detecta la Civilización de Tlatilco (México), con logros en cerámica y agricultura; las excavaciones han logrado evidenciar ciudades de grandes templos y tumbas, con esculturas megalíticas y abundante cerámica en la Civilización Olmeca de México, correspondiente al año 500 a. de C.; mientras que en el Monte Alban, los zapotecas también hacían esculturas megalíticas 200 años a. de C., al mismo tiempo que la Civilización Chavín se extendía por todo el Perú, para tres siglos más tarde hacer cavernas y necrópolis, tejidos de lana y algodón, ajuares funerarios, etc. (7).

 

Las Altas Culturas Precolombinas de América.

Para la época del descubrimiento ya existía un centro poblado en lo que hoy es Bogotá. Sus habitantes lo llamaban Muequetá y constituía el centro de la Cultura Chibcha. Los chibchas fueron buenos agricultores, se dedicaban al cultivo del maíz, la papa o patata, coca, tabaco, y aunque fueron grandes comerciantes, no admitían la propiedad privada de la tierra. Desarrollaron técnicas de tejido de mantas, pero su arquitectura fue rústica y provisional, aunque dejaron esculturas megalíticas de figuras humanas. Fueron también grandes orfebres, pues obtenían mucho oro en las arenas de sus ríos que utilizaban para hacer idolillos, pectorales y diversas figuras ornamentales y religiosas, que aún se conservan en el Museo del Oro de Bogotá. Adoraban al Dios Sol y la Diosa Luna (Chía), a los que rendían sacrificios humanos. En sus mitos de creación, las mujeres procedían de tallos de hierbas, mientras que los hombres originales fueron hechos con figuritas de barro.

La Cultura Incaica se desarrolló en la costa pacífica de Sudamérica, a partir del año 1,400 después de C., desde lo que hoy es el norte de Chile, poblado entonces por los araucanos, hasta Ecuador y el sur de Colombia (Quito y Pasto). Su centro político fue en El Cuzco, ubicado en una alta meseta del Perú. El Imperio Inca se conocía con el nombre de Tehuantisuyu. Hubo tres culturas que precedieron la Cultura Inca: la de Tihuanaco, localizada en las costas del Lago Titicaca, la Cultura Chimú y la de Nazca, y todas ellas crecieron a partir del Siglo III después de C. El fundamento económico de la Cultura Incaica fue la agricultura, predominando la papa o patata en las altas mesetas y el maíz en las regiones costeras. El mismo Inca gobernante iniciaba las ceremonias de siembra y nadie quedaba excluido de la obligación agrícola. Los incas fueron los únicos aborígenes americanos criadores de animales domésticos de carga, como la llama y la alpaca, además de pavos y perros, sobresalieron en la orfebrería y llegaron a elaborar piezas de bronce. La arquitectura y la escultura alcanzaron amplio desarrollo ya desde las culturas de Tihuanaco y aunque no llegaron a elaborar un sistema de escritura, tenían un sistema mnemotécnico a base de cuerdas anudadas. Usaron la flauta, las trompetas y los sonajeros naturales para una expresión musical rica y variada. El mestizo Inca Garcilaso de la Vega dejó escrito en sus Comentarios Reales las tradiciones, historias y costumbres de sus antepasados. El Inca gobernante se consideraba un descendiente directo del Dios Sol o Inti y pertenecía la casta de los incas a los que estaban reservadas las funciones de gobierno, se casaba con su hermana mayor y su descendiente le sucedía en el trono. El Clan Cóndor era el segundo en importancia, pues le correspondían funciones militares, seguidamente venían otros clanes de menor importancia y jerarquía social, hasta llegar a los estamentos más inferiores de los países y pueblos conquistados. La casta de los curacas y mitimaes se ocupaba de funciones de gobierno y burocracia en las regiones más distantes, eran educados en Cuzco donde aprendían a hablar quechua, que se convirtió en la lengua dominante del Imperio de los Incas. Cada clan tenía su tótem, y el del clan Inca era el halcón, el sol y el arco iris. El Dios Supremo de los Incas era El Sol, denominado Inti o Puncham, al cual se le representaba como una figura humana de cuya cabeza salían rayos solares, con serpientes enrolladas en los brazos y pieles de puma cubriéndoles los hombros. Su hermana y esposa era Manacullia o Madre Luna. Las momias de los Incas con sus máscaras de oro, y las de sus esposas, eran veneradas en El Templo del Sol en El Cuzco. Otros cultos y rituales se rendían a la Madre Tierra o Pachacamac, y al trueno, relámpago, rayo o Illapa, a los que no dieron representación en imágenes pero que también se veneraban en el Templo del Sol. Los sacrificios de animales, y raras veces humanos, eran parte fundamental de los ritos religiosos, realizando varias festividades en las que se tomaba chicha, se cantaba y se danzaba en medio de prolongadas oraciones. La religión permeaba a todas las concepciones incaicas referentes a la vida, la enfermedad y la muerte (8,9).

Otras culturas precolombinas sudamericanas de menor grado de desarrollo, a las que no se otorga el estatuto de Altas Culturas, son menos conocidas, llegaron a ocupar grandes territorios y sus huellas socio-culturales y lingüísticas se perciben aún en el castellano de América. Los Caribes y Arahuacos ocuparon la región norte costera de América del Sur, los Tupinambá o Tupiguaraní, el nordeste y la costa atlántica de lo que hoy es Brasil, mientras los Araucanos se asentaron en las costas chilenas a orillas del pacífico. Los caribes dominaron por completo el Mar de los Caribes, como lo denominaron posteriormente los españoles. Fueron nómadas, guerreros y navegantes, su industria no pasó de niveles rudimentarios en la cerámica y la cestería, pues sus actividades principales fueron la caza, la pesca y en menor grado la agricultura del maíz y de la yuca. A propósito de los aborígenes de las Islas de Cuba y La Española, Bartolomé de las Casas refiere que Colon dijo: esta gente es muy mansa y muy temerosa; desnuda, como dicho tengo, sin armas y sin ley (10), temían a los caribes a quienes describían como sanguinarios y caníbales. Sin embargo, la manera como el Almirante describe a los habitantes guaiqueríes de las costas de lo que hoy es Venezuela, pero que en su momento (1497) llamó Tierra de Gracia, es la siguiente:

...Esta gente, como ya dixe, son todos de muy linda estatura, altos de cuerpo e de muy lindos gestos, los cabellos muy largos e llanos y traen las cabecas atadas con unos pañuelos labrados, como ya dixe, hermosos, que parecen de lexos de seda y almaizares.

...y allí en la tierra de Gracia hallé temperancia suavísima, y las tierras y árboles muy verdes y tan hermosos como en Abril en las huertas de Valencia, y la gente de allí de muy linda estatura y blancas mas que otros que aya visto en las Indias, e los cabellos largos e llanos, e gente mas astuta e de mayor ingenio, e no cobardes... (11)

 

La historia contada por los denominados cronistas de indias no es la misma que hoy ponen al descubierto los antropólogos y paleontólogos con su ciencia. Félix de Azara, en sus Viajes por la América Meridional (12), escribe sus impresiones sobre diversas naciones aborígenes de América del Sur. De los Charrúas dice que

su talla media me parece pasar de una pulgada sobre los españoles... tienen la cabeza levantada y la fisonomía abiertas, signos de su orgullo y aun de su ferocidad... nunca se cortan los cabellos...no lavan nunca sus vestidos, ni sus manos ni su cara... yo creo que nunca han cultivado la tierra... no conocen bailes ni canciones... no adoran ninguna divinidad ni tienen ninguna religión... desde que el hombre se casa forma una familia aparte... la poligamia es permitida... el adulterio no tiene otra consecuencia que algunos puñetazos en la parte ofendida... no he advertido que estuvieran sujetos al mal venéreo ni a ninguna enfermedad particular, y su vida me parece más larga que la nuestra. A los Guaraníes los describe como carnosos y feos, su talla media me parece dos pulgadas menos que la española, por tanto, bastante inferior a otros pueblos... las partes sexuales de los hombres no son nunca más que de un tamaño mediocre... ignoran los celos; nada lo prueba mejor que la franqueza y el placer con que entregaron sus hijas y sus mujeres a los conquistadores. De los Tupys afirma que han vivido rodeados por los guaraníes, que eran de vida errante, antropófagos, se bañan dos y tres veces al día, conocen la agricultura y... me dijeron que no hablaban y que ladraban lo mismo que los perros (13)

 

Las Altas Culturas de América Central fueron sin duda la Azteca y la Maya. La Cultura Azteca se ubicó hacia el norte, en buena parte del territorio que hoy es ocupado por México. Sin embargo, los aztecas, nahuatl o mexica, a los que se tiene por representación simbólica de México, sólo llegan a este territorio en el Siglo XIV, pues muchos siglos antes que ellos estuvieron allí los toltecas, olmecas y chichimecas. El denominado Imperio Azteca cubría tres grandes ciudades o centros de poder: Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán. Esa cultura urbana, caracterizada por grandes edificaciones civiles y religiosas, dio lugar a una estructura político-religiosa donde el Tlacatecuhtli es el jefe que designa las autoridades militares y religiosas del Imperio. Es ese el cargo que ostentaba Moctezuma a la llegada de Hernán Cortés. La economía mexicana se basaba en el maíz y todos los hombres, con la excepción de los altos funcionarios religiosos y militares, debían participar en la faena agrícola. Una gran cosmovisión permeaba todas las actividades del imperio, hasta el punto que no es posible separar ningún acontecimiento natural, climatológico, social, guerrero, enfermedad, agrícola, etc, de la percepción religiosa desde la cual se comprendía la vida. Las celebraciones y fiestas religiosas eran constantes, y el ritual más importante eran los sacrificios humanos, con la extracción del corazón del elegido y de sus doncellas. Los aztecas temían la extinción del Dios Sol y para evitarlo ofrecían sacrificios humanos al astro anémico. Algunas veces se comían los restos de las víctimas. Se dice que para la consagración del Gran Templo de Huitzilopochtli se sacrificaron setenta mil personas. Pero al mismo tiempo los aztecas desarrollaron un calendario muy preciso, una música religiosa de variadas y ricas resonancias, así como un sistema rudimentario de escritura que todavía no termina de revelar su sus secretos significados y que quedó recogido en los códices aztecas.

La Cultura Maya es menos conocida que la azteca, aunque sus logros son igualmente impresionantes. Ocupaban una faja de terreno extendida entre el atlántico y el pacífico en Centroamérica, que cubre el sur de México, toda Guatemala, Honduras y parte de El Salvador. El Palacio del Gobernador en Uxmal, representa la versión más hermosa y mejor acabada de la arquitectura autóctona centroamericana. Los Mayas son también parte de la Cultura del Maíz, que era su actividad agrícola mas importante, aunque también cultivaron el cacao y prepararon chocolate, que tanta aprobación recibió luego en Europa y todo el mundo. Su sistema de escritura y el calendario fue todavía más avanzado que el de los aztecas. La religión guarda muchas semejanzas con la azteca, aunque los sacrificios humanos fueron mucho menos numerosos y frecuentes, a menudo sustituyéndose por sacrificios de animales. Practicaban juegos de pelota con matices religiosos, que concluían con la extenuación de los jugadores. El Popol Vuh cuenta las historias, los mitos de origen, las costumbres y creencias del pueblo Maya, mientras que El Libro de Chilam Balam posiblemente corresponda a una compilación postcolombina de las tradiciones mayas (14)

 

II- la medicina nahua prehispanica

Las Fuentes

Hay que precisar que la mayor parte de las fuentes históricas que se refieren a la época prehispánica fueron redactadas por los conquistadores. Baste recordar que el obispo F. Juan de Zumárraga ordenó que se quemaran todas las pruebas escritas existentes en Texcoco concernientes a las culturas mexicanas (15).

Existen, sin embargo, algunos bellos documentos escritos por indígenas. El mejor ejemplo es el de Martin de la Cruz y su Libellus de medicinalibus indorum herbis (16).

Uno de los primeros textos importantes de la época colonial escrito en lengua náhuatl y que permite apreciar el proceso de aculturación es de la autoría del franciscano Fray Andrés de Olmos, que llegó a México en 1528. Olmos trabajó con los indígenas de varias regiones y se volvió multilingüe. Escribió un Tratado de hechicerías y sortilegios documento que permite conocer los métodos que se utilizaban para evangelizar en la América del siglo XVI (17).

El "bachiller" Hernando Ruiz de Alarcón escribió una obra fundamental para comprender el proceso de aculturación y de contraaculturación durante la época colonial. Su trabajo permitió que el obispo J. De la Serna publicara su "Manual de ministros de Indios para el conocimiento de sus idolatrías y extirpación de ellas" (18).

Otra figura fundamental tanto para la historia como para la etnología es el visionario Fray Bernardino de Sahagún (19) conocido como el primer etnólogo del mundo que Baudot (1980) llama "el fundador de la antropología moderna".(20)

Cabe mencionar a un conocedor del proceso de aculturación colonial y pionero de la antropología médica: Gonzalo Aguirre Beltrán cuyo libro "Medicina y magia" es fundamental para comprender la interpenetración de las culturas (21).

 

La Cosmovisión de los Nahuas

Cada grupo humano desarrolla una cosmovisión particular que contribuye a forjar la identidad cultural que Raveau (22) define como la conciencia vivida de pertenencia colectiva en relación con un pasado histórico o mítico y que puede ser proyectado en un devenir común posible o utópico que se expresa a través de indicadores de participación (territorial, biogenético, lingüísticos, económicos, religiosos, culturales y políticos).

En el pensamiento nahua la estructura del cosmos estaba sostenida por dos conceptos de base: la lucha dialéctica constante por encontrar el orden ideal y el orden del mundo actual.

La cosmovisión nahua reposa en una oposición dual de los contrarios. �sta segmenta al cosmos para explicar su diversidad, su orden y su movimiento: cielo y tierra, calor y frío, luz y obscuridad, hombre y mujer, fuerza y debilidad, alto y bajo, lluvia y sequedad; todos concebidos como pares polares y complementarios.

La religión, presencia opresiva y poderosa, también obedecía a este dualismo.

El eclecticismo religioso de los nahuas los conducía a reunir al más grande número de divinidades originarias de todas partes del imperio. Soustelle señala como se yuxtaponían dos ideologías, la de los pueblos nómadas cazadores, adeptos al culto estelar y la de los sedentarios cultivadores adeptos al dios de la lluvia (23).

Los Nahuas eran el pueblo del sol, su panteón estaba dominado por el dios supremo, Huitzilopochtli, que personificaba al sol en su cénit. Tezcatlipoca, casi lo igualaba en importancia, era el dios mago multiforme que todo lo veía en su espejo de obsidiana. Este dios encarnaba la destrucción, el castigo y la brujería y era capaz de enviar castigos como las epidemias y la locura (24).

La vida y la muerte eran dos aspectos de una misma realidad. La muerte no interrumpía el ciclo de la vida porque la inmortalidad seguía automáticamente al fin de la existencia terrestre (25).

Para ellos todo dependía del signo bajo el cual habían nacido. El destino pesaba fuertemente sobre la existencia. Al nacer cada uno se encontraba inserto en un ritmo determinado. El signo que les tocaba dominaba hasta el día de su muerte. La vida estaba regulada por el libro sagrado de los presagios, el tonalamatl. Sahagún señala por ejemplo, que aquel que nacía bajo el signo Ome-tochtli (dos-conejo) sería un borracho; el signo ce-ehécatl era favorable a los hechiceros llamados temacpalitotique o tepupuxaquauique.

La sociedad mexicana consideraba que la idea del individuo contaba muy poco con respecto al bien de la comunidad entera.

Las buenas maneras eran fundamentales y eran objeto de toda una literatura didáctica, los preceptos de los ancianos o huehuetlatolli.

 

La Medicina Nahua Prehispánica

A) Los Conceptos de Salud y Enfermedad

La medicina, los médicos y los medicamentos entre los nahuas estaban dedicados al hombre en su totalidad y siempre tomando en cuenta el contexto sociocultural.

Se ignoraban las fragmentaciones del individuo tan apreciadas por la sociedad actual. No concebían el cuerpo en oposición al espíritu, ni al individuo contra la sociedad. El cosmos y el hombre constituían un todo.

Para Soustelle, las nociones y las practicas relativas a la enfermedad y a la medicina eran una:

mezcla inextricable de religión, de magia y de ciencia; de religión, porque ciertas divinidades enviaban enfermedades o curaban de ellas; de magia porque frecuentemente se atribuía la enfermedad a la magia negra de algún hechicero y mediante alguna acción mágica se buscaba curar; en fin, de ciencia, porque el conocimiento de las propiedades de las plantas o de los minerales, el uso de la sangría y de los baños dan a la medicina azteca, en ciertos casos, una fisonomía curiosamente moderna. (26)

 

Los nahuas de la época prehispánica hacían una distinción entre las "buenas enfermedades" infligidas por los dioses y las "malas enfermedades" causadas por la magia negra. Estos males podían ser tan graves unos como los otros pues no se diferenciaban por su intensidad o su pronóstico sino por su etiología.

Cuando los nahuas o sus médicos los titici, hablaban de enfermedades, no hacían referencia a problemas de tipo estructural tales como las alteraciones o la falta de algún órgano sino que se referían a cambios dinámicos ocurridos en el organismo.

La persistencia de la salud se derivaba tanto de las fuerzas en juego en el cosmos como del mantenimiento de sus propios límites contra las fuerzas de los demás. El equilibrio era la salud y su ruptura la enfermedad.

La unidad dialéctica fundamental consistía en la polaridad frío-calor y en el registro de sus cambios. Todo se clasificaba según su calor o su frío. El hombre participaba de esas dos propiedades. Algunos órganos eran más calientes que otros. Esta división dual respecto a la integridad corporal del hombre, de la enfermedad, de los alimentos y de los medicamentos aún se proyecta hasta nuestros días.

De tal forma que los medicamentos poseían sus propiedades térmicas y eran utilizados en función de las características de las enfermedades siguiendo esta polaridad fundamental.

 

B) El Concepto de Medicina

La medicina del hombre prehispánico no se limitaba a corregir lo que el médico detectaba y diagnosticaba sino también lo que el paciente decía que sentía o le hacía sufrir.

Los medicamentos no actuaban "per se", eran entidades dotadas de voluntad y de características propias que definían sus efectos particulares. Los medicamentos eran seres completos, con un significado espiritual jerarquizado según sus efectos.

 

C) La Función Social de la Medicina

Con frecuencia, las enfermedades se atribuían a la transgresión de principios. Por ello era primordial curar las enfermedades porque ellas perjudicaban no solamente al enfermo en sí sino a la sociedad entera. Somolinos escribe: en resumen, el enfermo no debe ser curado debido a lo que la enfermedad le produce sino al perjuicio social que ello conlleva para el buen funcionamiento de la comunidad. (27).

Aguirre Beltran (28) explica la función de la medicina prehispánica diciendo que ella actuaba como un agente regulador del control social del grupo.

 

D) El Cuerpo Humano

Para los nahuas el nombre más usual para el cuerpo humano era el de tonacayo: "nuestra carne en su conjunto". El lado izquierdo del cuerpo tenía valores positivos porque era el lado del corazón y también el que ocupaban aquellos más cercanos a la autoridad. Los huesos eran considerados como depósitos de las fuerzas vitales del individuo. Tal vez por esta razón, el fémur del sacrificado se conservaba y se le llamaba "dios cautivo" maltéutl.

Los nahuas creían que las fuerzas sobrenaturales podían entrar en el organismo por medio de las articulaciones para alojarse en los huesos. El ombligo era el punto de distribución de los conductos del cuerpo. Era la vía de acceso para los medicamentos que así entraban en el organismo y vencían la fatiga física. El ombligo era el punto central del cuerpo, un punto tan importante como el centro de la tierra y el eje cósmico lo eran para el universo.

Los cabellos revestían carácterísticas mágicas debido a su contigüidad con la parte superior de la cabeza que era el lugar bañado por el tonalli ­una de las entidades vitales o almas-.

La cabeza era la región de la comunicación, de las relaciones con la sociedad y con el cosmos. Allí se alojaba la capacidad de razonamiento. La palabra tzontecómatl: "la cabeza en su totalidad", era sinónimo de ilhuícatl, "el cielo".

A los locos, se le llamaba: cuatlahuelíloc o yollotlahuelíloc. Los dos términos se refieren a la disminución de las funciones orgánicas. Cuatlahuelíloc implica la parte superior de la cabeza, cuaitl, y yollotlahuelíloc, también habla de una deterioración pero se refiere a otro centro del razonamiento, el corazón (29). En efecto, el corazón era un centro vital, el órgano de la conciencia.

La epilepsia era consideraba como una forma grave de debilidad del corazón. Esa enfermedad se llamaba: yolpapatzmiquiliztli que significa debilidad a causa de una fuerte opresión en el corazón.

Otro tipo de debilidad de la consciencia que conducía a la locura se explicaba como una opresión en el pecho causada por los alahuac, término que se traduce por flemas aunque para ser más precisos hay que decir que eran substancias líquidas, viscosas y resbalosas que estaban en estrecha relación con los colores y con los cuatro puntos cardinales. Tales substancias podían ser introducidas en el organismo mediante el rayo y las fiebres. Los alahuac son los productos más mencionados en patología. Muchas alteraciones del organismo se debían a su exceso. Los medicamentos que favorizaban su evacuación se utilizaban para tratar la locura.

En las pantorrillas se alojaba una fuerza vital que podía ser robada por brujos cuando se las "comían" a distancia. Bastaba que los hechiceros mirasen a la víctima para echarles el maleficio que los conduciría a la muerte. (30).

Otro producto intimamente ligado a a los estados emocionales, era la saliva. Le dios encargado de frenar la cólera era: Teoiztlactlapanqui, "aquel que limpia la saliva de los dioses". La saliva tenía relación con el veneno y de una manera metafórica, con las mentiras.

Algunas verrugas, las tzotzócatl, eran el signo del carácter mezquino del individuo. La etimología de su nombre las designa como suciedad, como si un rasgo antisocial de la personalidad produjera tal suciedad.

 

E) Las Almas

El concepto occidental del alma, se encuentra muy alejada del pensamiento nahua.

López Austin (31) a partir de documentos escritos en náhuatl, (Bernardino de Sahagún y el diccionario de Molina) encontró que los nahuas creían en varios tipos de entidades vitales.

A pesar de la deformación que puede existir al interpretar las fuentes López Austin define los centros anímicos como la parte del organismo humano en donde se encuentra una concentración de fuerzas y de substancias vitales. Asimismo, describe 12 grupos de centros anímicos:

1- Yol, Yollo: corazón.

2- El: hígado.

3- Tonal: irradiación contenida en el cuerpo.

4- A: fontanela.

5- Cua: parte superior de la cabeza.

6- Tzon: cabello.

7- Ihio: aliento.

8- Ix: ojo o rostro.

9- Nacaz: oreja.

10- Xic: ombligo.

11- Cuitla: excremento.

12- Tlail: excremento.

 

Sólo abordaremos tres centros anímicos dado el interés que representan para definir las entidades anímicas que allí se alojaban.

 

1- Yol o Yollo

Se puede concebir la importancia dad al corazón no solamente por la cantidad extraordinaria de veces que se le mencina sino también porque tiene que ver con la vitalidad, el conocimiento, los impulsos y los afectos. A éste órgano pertenece la memoria, los hábitos, los gustos, la voluntad y el control de las acciones y de las emociones. Aunque no es el órgano unitario de la conciencia.

Al corazón se le concebía como un órgano susceptible de ser modificado por el bien o por el mal. Los pecados producían que el corazón "se torciera" lo cual a su vez provocaba las enfermedades más temidas, como la locura y la mala conducta que estaban indisolublemente ligadas.

Cuando el corazón se dañaba se producía amnesia, "falta de genio", fatiga, cólera, inconsciencia, alienación y la transgresión de las normas sociales.

 

2- Elli

Sus atributos se concentran en el área de la vitalidad y del afecto. De allí brota la energía necesaria para transformar a un individuo en valeroso y atrevido. En su estado normal, el elli, originaba la alegría y la tranquilidad. El término: cemelli, "alegría, placer", describía la unificación, la coordinación de los sentimientos y de las pasiones, la eliminación de la lucha interna entre las diferentes fuerzas afectivas que conducen a los conflictos intraindividuales y a la angustia.

Si las fuerzas del elli se dirigían hacia personas o hacia objetos, se provocaba la apetencia que se expresa bajo la forma del amor, del deseo o de la envidia. Aquel que tenía el elli, duro o en abundancia se consideraba de espíritu lúcido por el contrario su disminución conllevaba la pereza. Los pecados ensuciaban el elli y el odio llevaba al ser humano a una mala vida y a la locura.

 

3- El Grupo Tonal

Este grupo estaba en relación con el valor. Estos tres grupos conservaban estrechas relaciones. Los nahuas creían que el corazón se calentaba cuando uno se enojaba, que el hígado se endurecía cuando uno se esmeraba y que la alegría se presentaba gracias a la cabeza.

 

Las Entidades Vitales

Las funciones vitales más importantes estaban dadas por tres entidades anímicas: el tonalli, el ihiyotl y el teyolia. Este último sobrepasaba a los otros en importancia y en funciones.

 

El Tonalli

El substantivo tonall, se deriva del verbo tona, "irradiar", y significa lo siguiente: irradiación, calor solar, verano, día, el signo del día, el destino de la persona dado por la fecha de nacimiento y alma o espíritu.

El sol era el portador del Tonalli por excelencia y a él se dirigían los médicos para pedirle que curara a alguien.

Se consideraba que el tonalli era el "genio", la buena fortuna, la "estrella", en el sentido de suerte predeterminada. La salida del tonalli que causaba la enfermedad y la muerte podía ser causada por ciertos actos físicos violentos, como el cortar los cabellos de la fontanela o una impresión miedo súbita.

La forma más frecuente era la que A. de Molina llama tetonalcahualiztli que significa literalmente el abandono del tonalli pero él le da el sentido de susto o de miedo mágico.

El Teyolia

El teyolia era la entidad vital que iba al mundo de los muertos. En la colonia, de manera equivocada, al teyolia se le identificó como el alma o anima en español.

Las funciones del teyolia eran aquellas ya atribuidas al corazón asiento de tal entidad anímica. Tanto el corazón como el teyolia podían dañarse por una conducta inmoral, por las enfermedades debidas a la posesión por los seres acuáticos, por las enfermedades que "cubrían o apretaban" el corazón y por los daños causados por los brujos, llamados teyollocuanime, quienes mediante la magia devoraban o apretaban el corazón de las víctimas.

 

El Ihiyotl

Esta entitad anímica es más difícil de identificar. En un texto del códice de Florencia se describe como el aliento insuflado por Citlaticue, Citlallatonac y los Ilhuicac chaneque a los niños ofrecidos al agua cuando nacieron.

Las funciones del ihiyotl corresponden a aquellas descritas para el hígado como asiento de las pasiones, de los sentimientos, del vigor y de la vida. La cólera y el odio se localizan en el hígado y en la hiel. De allí surgen el deseo y la envidia.

Las tres entidades anímicas debían operar en armonía para permitir a un individuo estar sano, ser moral y de espíritu equilibrado. Si una de ellas se alteraba, las otras dos también se afectaban.

 

F) Los Médicos

El médico nahua o ticitl incluía una dimensión ética especial pues tenía la capacidad de curar y de efectuar acciones benéficas para sus pacientes pero también podía enviar enfermedades a aquellos que habían ofendido a los dioses, transgredido prohibiciones o que tenían malas relaciones personales con el ticitl o con el grupo social.

B. Sahagún describe al médico de la manera siguiente:

... El buen médico es aquel que hace diagnósticos, es experimentado, conoce las yerbas, las piedras, los árboles, las raíces. Posse observación y prudencia. Es moderado en sus indicaciones...

 

Había diferentes tipos de médicos, sólo mencionaremos algunos:

a) Los sacerdotes que se especializaban en las enfermedades enviadas por el dios al cual servían, por ejemplo los de Tezcatlipoca atendían las epidemias y tal vez también la locura. (32).

b) Los Tonalpouhque o Tonalpouhqui, adivinos de los destinos que funcionaban a la manera que lo haría un psicoanalista de hoy en día. (33).

c) Otros médicos ilustres eran los temiquiximati, temicnamictiani, "aquel que conoce los sueños, el intérprete de los sueños.

d) Los brujos llamados tlacatecolotl u "hombres- búho".

e) Los titici, quizás eran los más numerosos y eran quienes aplicaban los conocimientos empíricos.

 

G) La Etiología de las Enfermedades

Las enfermedades no sólo tenían causas naturales donde entraba en juego la dualidad frío-calor. También era importante considerar las ofensas a los dioses, la hechicería, los malos vientos y las malas conductas incluidas las de tipo sexual. (34).

Otro factor importante eran las fechas de nacimiento.

Viesca (35) divide las enfermedades en aquellas provocadas por la introducción mágica de un cuerpo extraño y las debidas a la pérdida o a la disminución de una de las entidades anímicas.

Cabe señalar que para los antigüos nahuas los estados de espíritu eran estados físicos. No había dicotomía.

Muchos procesos psicopatológicos se explicaban mediante la posesión. Los agentes nocivos más mencionados eran los mocihuaquetzque o cihuapipiltin, dioses menores de la lluvia y otros seres sobrenaturales. Quienes recibían un rayo enfermaban de una especie de locura ligada a la mala conducta. Al loco furioso se le llamaba aacquiau, "aquel que sufre de intrusión".

Los efectos de la borrachera y de la ingestión de drogas se explicaban mediante la posesión por seres sobrenaturales que habitan en el pulque o en los productos psicotropos.

Entre las enfermedades mentales que menciona Martin De la Cruz (36) en su Libellus de medicinalibus indorum herbis (Codex Badiano), se encuentran las siguientes: la melancolia, la epilepsia, la oligofrenia y la "micropsiquia".

 

H) El Diagnóstico

La causa del mal se diagnosticaba mediante la adivinación. Para ellos había diversas técnicas tales como lanzar unas pequeñas cuerdas, medir el antebrazo izquierdo, arrojar granos de maíz y de copal en un recipiente de agua o incluso la utilización del tabaco y/o del peyote. (37).

 

I) Los Tratamientos

Podemos decir que había tres tipos de tratamiento: religioso, mágico y empírico.

 

Al mismo tiempo que las invocaciones y los gestos mágicos, los médicos mexicanos sabían usar una terapéutica basada en el conocimiento del cuerpo humano y de las propiedades de las plantas y de los minerales. Reducína fracturas y colocaban férulas en los miembros fracturados.

... si se compara su medicina con aquella que imperaba en la Europa occidental en la misma época, uno se puede preguntar si la de los aztecas no era más científica. (38).

 

El médico de Felipe II, Francisco Hernández, mencionaba alrededor de 1200 plantas que los nahuas utilizaban y describió, en total cerca de 3000.

El codex De La Cruz-Badiano menciona 272 variedades de plantas y Sahagún en su Historia General de las cosas de la Nueva España cita casi 120 plantas diferentes.

 

J) La Psicoterapia

Los nahuas utilizaban muchas medidas psicológicas para aliviar las angustias y tratar los trastornos mentales. La palabra y la personalidad del médico eran fundamentales.

Pérez-Rincón (39) menciona que los tlamatini (médicos aztecas) eran en realidad psiquiatras que utilizaban una verdadera psicoterapia.

 

Sirva pues este trabajo para destacar el notable grado de avance cultural de las culturas precolombinas de América. Cabe señalar que las antiguas cosmovisiones aquí descritas han resistido el paso de los siglos y bajo el manto de diferentes procesos aculturativos mantienen una vigencia sorprendente que repercute en la comprensión y en el manejo de los procesos de la salud y de la enfermedad.

 

Referencias Bibliográfìcas

1. Yépez Castillo, �. Historia Universal. Editorial Larense. Caracas, 1995.

2. Yépez Castillo, �. Op. Cit.

3. Pericot, Luis. Orígenes y Enigmas del Poblamiento Americano. In Historia del Mundo. J. Salvat, editor. Salvat Editores, SA. Barcelona, 1978. 109-126.

4. Inaudy Bolívar, Efraín. Prólogo. En Los Petroglifos de Cojedes, by A. Weber. Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela, 1996. 5-10.

5. Pineda, Rafael. La Tierra Doctorada. Tamayo & Compañía. Caracas, 1978.

6. Weber, Alfredo. Los Petroglifos de Cojedes. Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela, 1996.

7. Pericot, L. Op. Cit.

8. Pericot, Luis. Las Altas Culturas Centroamericanas. In Historia del Mundo. J. Salvat. Editor. Salvat Editores, SA. Barcelona, 1978. 165-190.

9. De La Vega, Inca Garcilaso. Comentarios Reales (16th century). Espasa Calpe, SA. Buenos Aires, 1970.

10. De Las Casas, Bartolomé. Historia de las Indias, Vol. I, II and III (16th century). Fondo de Cultura Económica. México, 1965.

11. Colón, Cristóbal. Documentos Relativos al Tercer Viaje (15th century). Zona Tórrida, No. 22, Revista de Cultura de la Universida

« Back
Send this to a colleague